ARTE DEL BUEN VIVIR
18 de octubre de 2026
PALABRA DE MADRE. De Johanna Schopenhauer para Arthur.
TRES FRAGMENTOS EPISTOLARES QUE LA FAMOSA NOVELISTA LE DEDICÓ A SU IGNOTO HIJO. Ordenados según las tres preguntas kantianas. Invitación. Resignación. Ruptura.
PALABRA DE MADRE. Tres fragmentos epistolares que la famosa novelista alemana Johanna Schopenhauer le dedicó a su ignoto hijo Arthur.
HOY ES EL DÍA DE LAS MADRES en Argentina. Y como nosotros estamos acá, publicamos tres fragmentos de las cartas que la madre de Arthur Schopenhauer solía escribirle a su hijo. Ordenados cronológicamente y tematizados bajo las tres preguntas en las que Imanuel Kant, el filósofo a quien Arthur consideraba su maestro y por el que profesaba una gran admiración que no le impidió ser implacable en las críticas a su sistema, resume el propósito de toda la filosofía.
Porque esas tres preguntas (¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me cabe esperar?), cuyo orden adecuamos a los contenidos de cada fragmento, confluyen en la única cuestión verdaderamente filosófica que cabe plantear en estos raros tiempos que desandamos, en los que el pesimismo filosófico de Schopenhauer regresa con la fuerza de emblema que le confieren las abrumadoras certezas de la técnica: ¿Qué es el ser humano?
También, porque madre hay una sola y te toca la que te toca. Siempre pudo haber sido peor. Y si no fuera por ella, no estarías acá.
FELIZ DÍA.
Noviembre de 1806. LO QUE HAGO.
“El círculo que se reúne a mi alrededor los domingos y jueves no tiene parangón en Alemania ni en ninguna otra parte.
Tomamos té, charlamos… Nuevas publicaciones, dibujos, composiciones musicales, todo se trae a mi casa; aquí se comenta, se pondera, se ríe, se elogia, según parezca; cualquiera que tenga algo nuevo lo trae consigo.
‘La Bardua’ dibuja la caricatura de alguien, Goethe se sienta ante su mesita, pinta y habla. La gente joven interpreta música en la habitación de al lado, quien no tiene ganas no la escucha; así dan las nueve y todos se separan con la intención de volver la próxima vez. Esto sí que es vida, ¿verdad?”.
Noviembre de 1807. LO QUE SÉ.
"No eres un ser humano malvado; no careces de intelecto ni de educación; tienes todo lo que podría hacerte un crédito para la sociedad humana.
Además, conozco tu corazón y sé que pocos son mejores, pero, sin embargo, eres irritante e insoportable, y considero que es muy difícil vivir contigo.
Todas tus buenas cualidades se ven oscurecidas por tu super-inteligencia y se vuelven inútiles para el mundo simplemente por tu rabia de querer saberlo todo mejor que los demás; de querer mejorar y dominar lo que no puedes controlar.
Con esto amargas a la gente que te rodea, ya que nadie quiere ser mejorado o iluminado de una manera tan enérgica, y menos aún por un individuo tan insignificante como tú; nadie puede tolerar ser reprendido por ti, que también muestras tantas debilidades, sobre todo en tu manera adversa, que con tonos oraculares, proclama que esto es así y así, sin suponer nunca una objeción.
Si fueras menos como eres, solo serías ridículo, pero tal como eres, eres muy molesto".
Mayo de 1814. LO QUE ESPERO.
“La puerta que con tanto estrépito cerraste ayer tras comportarte tan indignamente con tu madre se ha sellado para siempre entre tú y yo.
Estoy cansada de soportar tus malas maneras, me voy al campo y no regresaré hasta saber que te has marchado; se lo debo a mi salud, pues una segunda escena como la de ayer podría provocarme un ataque de apoplejía que quizá resultaría mortal.
Tú no sabes nada del corazón de una madre: cuanto más amó, más dolorosamente siente cada golpe que le infiere la mano antes amada.
No es Müller, esto te lo juro ante Dios en quien creo, quien te separa de mí, sino tú mismo, tu desconfianza, la censura que ejerces sobre mi vida y sobre la elección de mis amigos, tu desdeñoso comportamiento para conmigo, el desprecio que muestras hacia mi sexo, tu negativa manifiesta a contribuir a mi felicidad, tu codicia, tu mal humor al que das libre curso en mi presencia sin la menor consideración hacia mí.
Deja aquí tu dirección pero no me escribas, a partir de ahora ni leeré ni contestaré a ninguna de tus cartas; llegados a este punto se separan nuestros caminos, escribo esto con profundo dolor pero no queda otro remedio si es que quiero vivir y proteger mi salud.”